La primera jornada de Sónar 2016 demuestra que esto no es un festival, sino una experiencia

sonar-01La primera jornada de MIRIAM ARCERA en SÓNAR 2016… Llega una edición más de Sónar y, con la cámara colgada a la búsqueda de los looks más Fantastic del festival, me dirigí hacia el recinto de Fira Barcelona bien pronto para ojear un poco qué se cuece en el Sónar +D, ver los primeros estilismos del festival y llegar a tiempo para disfrutar de Nicola Cruz, uno de los must see (and dance) del festival.

El concierto se celebraba en el SonarHall, un lugar donde la luminosidad de la música de Cruz contrastaba con la oscuridad de la sala, más propia para otro tipo de propuestas. Seguramente hubiera encajado mejor en el Village, al aire libre, pero agradecemos enormemente no haber pasado calor mientras vimos en acción al francés con orígenes ecuatorianos. La propuesta de Cruz iba acompañada de unos visuales que al principio no nos sorprendieron mucho, colores cálidos, manchas como si fueran de Rorschach o como si imitaran lámparas de lava…

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Pero luego las imágenes fueron cambiando hasta convertirse en un viaje al centro de la tierra, pasando por volcanes y raíces, conectando con la naturaleza y la parte más primitiva de todos nosotros. Los colores cálidos pasaron a ser fríos con alguna imagen de lo que parecían ser glaciares. Todo muy adecuado y al hilo del que parece ser el tema estrella de esta edición: el cambio climático. Ya lo dice ANOHNI en su canción “4 DEGREES“, y Nicola Cruz nos recuerda que tenemos que proteger la tierra por todo lo bueno que nos da. Sus ritmos con orígenes latinos y tradicionales de la cultura andina eran la banda sonora perfecta para todo lo que estábamos viendo y disfrutando.

Quizás el momento más álgido (aunque la verdad es que todo el concierto fue bastante álgido) fue cuando hizo un remix de la canción “Agua de la Tierra” de Rodrigo Gallardo, toda una declaración de intenciones. Una mezcla perfecta de tradición, folklore y electrónica.

Volví al Village en busca de looks originales y fantásticos y, después de encontrar algunos y dar una buena vuelta, volví otra vez al SonarHall, esta vez para ver a King Midas Sound + Fennesz, una propuesta diametralmente opuesta al anterior concierto, pero igual de interesante y adecuadísima para el escenario más darks del festival. El comienzo del concierto fue una pieza instrumental que parecía emular a Freddy y meterse en nuestros sueños, hasta que la dulce voz de Kiki Hitomi se adueñó del micro y entre nieblas empezó una pesadilla de la que nadie seguramente querría despertar.

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Y decimos pesadilla porque la atmósfera intensa y oscura de las canciones se adueñaron totalmente de nosotros, sintiendo una mezcla de suspense y excitación, adentrándonos en los mundos que King Midas Sound al completo habían preparado para nosotros junto a Christian Fennesz. Presentaban “Edition 1“, el primer disco de una serie de cuatro que Kevin Martin, cerebro del grupo, tiene pensado crear junto a músicos afines, para crear algo único como lo que pudimos ver en esta edición de Sónar. La sensual y femenina voz de Hitomi contrastaba con la grave y profunda voz de Roger Robinson creando un contraste de luces, sombras y nieblas que sin más artificio que música y voz, nos dejaba la sensación de haber sentido la belleza del caos.

Después de toda esta intensidad nos fuimos a ver a James Rhodes, quizás el concierto más emotivo de la jornada del jueves (soy una intensa de la vida, ya veis). He de confesar que todavía no he leído su libro, “Instrumental“, aunque tengo muchas ganas de hacerlo y, después de verle en directo ayer, todavía más. James Rhodes es tan mono que dan ganas de abrazarle hasta que te duelan los brazos. Como si fuera un monologuista. Y, después de tocar la primera pieza, se presentó, con mucho sentido del humor, diciendo que se había comprado unos zapatos especiales para la ocasión, que casi nos dejan ciegos porque eran de colorines y brillaban cuál bola de discoteca. Luego también bromeó con el hecho de no saber muy bien por qué le habían elegido para tocar en el Sónar, y dijo que probablemente le habían llamado a él porque Michael Nyman estaba ocupado.

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Entre risas, habló del truco mágico de la música clásica, de cómo puede ser feliz y triste a la vez y como ésta había sido para él como una medicina a lo largo de su vida. Presentó la siguiente pieza que iba a tocar, la fantasía polonesa de Chopin. No tengo ni idea de música clásica, pero os diría lo mismo que dice Julia Roberts en “Pretty Woman” después de ir a la ópera. Un gustazo. Después presentó otra pieza de Chopin, esta vez “Scherzo no. 2“, dedicado a su alumna Adéle von Fürnstenstein y creado en medio de una relación tormentosa con Maria Wodzinska. La pieza nos transporta a una urgencia que después se convierte en calma, para volver otra vez a la urgencia. De nuevo algo precioso entre las manos de Rhodes, que se movían ágiles al piano.

Por último, presentó la pieza “La Chacona” de Bach, dedicada a su mujer después de que ésta muriera y que, como bien dijo Rhodes, era una pieza en la que hay momentos que parece que vaya a acabar pero de pronto revive, como cuando alguien a quien quieres está a punto de morir y no quieres que eso pase. Precioso y lleno de emoción. Rhodes se despidió, no sin antes dedicar unos minutos extras a una pieza corta que nos dejó con ganas de verle tocando hasta que el festival acabara.

Después de encuentros varios, más looks y cervezas, volvimos otra vez al mismo escenario dónde había tocado Rhodes, el SonarComplex, para ver esta vez a 65daysofstatic que habíamos bautizado como 65days of nosequé. Otro de los highlights del festival, por ser responsables de poner banda sonora al videojuego “No Man’s Sky“, uno de los juegos más esperados para PlayStation 4. De nuevo imagen y sonido se unieron, como al inicio de la jornada, para hacernos disfrutar de una experiencia única.

Empezaron con la imagen de la luna, que sería también la imagen final, en un viaje por el espacio a bordo de una nave especial que tripulábamos nosotros. Viajando por planetas y mundos desconocidos e inventados mientras sonaba una mezcla de post-rock y kraut con dos baterías que hacían que la potencia de su directo subiera exponencialmente. Un sonido absorbente que nos dejó con ganas de saber más sobre toda esa galaxia que acabábamos de visitar.

Crónica escrita para Fantastic Plastic Magazine.

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