La gran verbena de New Order nos hace sudar en la última jornada de Sónar 2016

La segunda jornada de MIRIAM ARCERA en SÓNAR 2016… Sábado, el día mágico, el día de sacar todos los ases que tengamos en nuestra manga hasta que el cuerpo aguante. Eso sí, no te pasaste el viernes y acabaste protagonizando un capítulo de “The Walking Dead” tirado en un arcén. Como este no era mi caso, estaba fresca como una rosa, y antes de que el diluvio universal dejara unas cuantas camisetas mojadas en el Village, llegué al recinto del Sónar de Día para ver a Alva Noto en elSonarComplex. Ya sé que ha tocado unas cuantas veces en Barcelona, pero servidora no le había visto nunca ni había oído nada sobre su show (de verdad, no vivo en ninguna cueva, lo prometo), así que todo fue nuevo y sorprendente para mí.

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Su show empezó de forma potente, con unos bajos retumbando en toda la sala y unos visuales que repartían flashes de luz que cegaban al público. El alemán nos dio a todos una bofetada en la cara y, en vez de apartar la cabeza, pusimos la otra mejilla, pidiendo más, a pesar de arriesgarnos a quedarnos sordos y ciegos. Su hipnótico concierto empezaba con ritmos que parecían latidos de un corazón y que lograban que hasta las sillas en las que estábamos sentados vibraran, mientras de fondo, y en dos pantallas, aparecían líneas curvas que se entrecruzaran y que recordaban a los típicos gráficos que representan el ADN. Luego estas imágenes se convirtieron en una especie de diagrama médico que mostraba unas constantes vitales que cada vez se movían más y más deprisa, para después convertirse en figuras rectangulares que viajaban a la velocidad de la luz y a sonidos que iban cada vez más in crescendo, subiendo la intensidad. Esos ataques epilépticos sonoros y visuales acababan mostrando un encefalograma plano al acabar cada canción, llegando la calma para luego volver a renacer en la canción siguiente. Si la electrónica puede ser punk, debe ser lo más parecido a esto.

Después de quedarme muy loca con lo que acababa de ver y oír en el SonarComplex, me dirigí al SonarHall a ver a Oneohtrix Point Never, conocido por su familia y amigos como Daniel Lopatin. Lo del americano también fue una locura increíble, quizás el concierto más especial y experimental que vi en el Sónar. Acompañado de un guitarra y con tres pantallas, dos verticales y una horizontal en las que se podían ver imágenes distintas, Lopatin creó un show lynchiano, de esos en los que no entiendes nada pero que no por ello deja de gustarte. Lo inexplicable a veces es lo más adictivo.

Visuales abstractos, de serie B, monstruos, samurais, mariposas y tumbas en imágenes que se sucedían de forma totalmente aleatoria mientras Lopatin presentaba los temas de su último disco, “Garden of Delete“, además de reproducir temas de “Returnal” hacia la mitad de su show. El responsable de toda la parte visual es el artista Nate Boyce, si os quedastéis igual de picuetos que yo al ver todo aquello, podéis saber un poco más del artista en esta entrevista. La primera parte del concierto fue una apisonadora que combinaba sonidos de videojuegos, con ritmos que podrían haber sido extraídos de alguna recopilación de “Máquina Total” y en los que cabía el metal, el grunge y el trap, todo mezclado pero no agitado y con la voz de Lopatin sonando como si le estuvieran practicando un exorcismo. Después la cosa se calmó un poco y el concierto fue hacia zonas más tranquilas, como decíamos, volviendo a sus primeros discos. Toda una experiencia.

Con la cabecita frita después de haber visto a estos dos grandes monstruos de la electrónica, nos dirigimos al Village para dejar un poco el cerebro en casa y darnos al baile sin sentido con Section Boyz. Aquí nos abandonamos y bailamos como si fuéramos familiares de Beyoncé. Ya sé que da bastante pena que haya un grupo masivo de blancos bailando como si fueran negros pero sin su gracia natural, pero oye, qué se le va a hacer, hay que disfrutar de la vida, amigos. Luego hicimos una pequeña pausa para volver con la Ed Banger House Party, que vaya si fue una fiesta. Tanto, que sñolo nos acordamos de bailar con mucha felicidad a ritmo de lo queBusy P, Para One y Boston Bun nos ofrecieron para cerrar la jornada de día.

Empezaba la noche, y no queríamos perdernos por nada del mundo a Santigold. Santi White volvía después de cuatro años de ausencia para presentar “99 cents“, su último álbum, con dos bailarinas que no podían ser más top porque, no sé, igual el escenario explota. Intentamos emular a las bailarinas repitiendo torpemente sus coreografías, porque tenemos alma de vedette y no tenemos vergüenza ni la hemos conocido, y lo pasamos francamente bien. El SonarPub se convirtió en una fiesta con canciones como “Big Boss Big Times Business“, “L.E.S Artistes“, “Disparate Youth” y otros tantos temas que hicieron que casi se nos dislocaran las caderas y acabáramos en el hospital. Con imágenes de microondas, móviles y anuncios que prometían convertir un selfie en cualquier producto y las bailarinas, meneando cestas de la compra y moviendo carteles de “We buy gold” como si fueran mujeres anuncio, el concierto fue eso, puro oro. Incluso hubo una invasión de escenario consentida casi al final del concierto. Una auténtica fiesta.

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Siguiendo con los bailes sexys, meneamos un poco el culo con Kaytranada, quien se presentaba con las ilustraciones muy coloridas y psicodélicas de fondo, obra de Ricardo Cavolo, mientras hacía un recorrido sonoro por el house, hip hop, r&b, funk y recuerdos de los 80, haciendo que el personal y concretamente una servidora, se abandonasen a bailar como si no hubiera un mañana.

Después de esto, todo fue desparrame y recuerdos difusos, como suele pasar en el Sónar. Porque no nos engañemos, cuando llegan ciertas horas de la noche, se trata de sentir la música con el cuerpo y no con la mente, dejando que todo fluya, sobre todo en un festival como el Sónar, donde el hedonismo es el protagonista indiscutible cuando el cielo se vuelve oscuro. Vi algo de Booka Shade y sus luces láser, que también nos hicieron bailar suave gracias a los ritmos melódicos que nos ofrecieron los berlineses. Después de un ir y venir por varios escenarios, volvimos al SonarClubpara ver a Fatboy Slim. Norman Cook nos ofreció un show para mi gusto demasiado pachanguero y cutre, que mezclaba canciones como “Samba de Janeiro” con “Seven Nation Army” de los White Stripes, para luego seguir conPrince y por último acabar con “Praise You” mezclada con un sampler de “Crazy in Love” de Beyoncé, o eso nos pareció escuchar.

Intentamos también ir a ver a Laurent Garnier al SonarCar, pero aquello fue imposible, así que decidimos hidratarnos y, para nuestra sorpresa, nos encontramos con una de las actrices de “El Futuro” de Luis López Carrasco, al otro lado de la barra. A nuestro lado estaba el montador de la película. Si no la habéis visto, hacedlo ya, por ejemplo el día de las elecciones, antes de ver los resultados, ya veréis que magia. Después de andar de un escenario a otro decidimos que, el mejor escenario de todos, como ya dijimos el viernes, era el escenario SonarCama (nombre por cierto inventado por David con mucho acierto). Hasta el año que viene, Sónar.

Crónica escrita para Fantastic Plastic Magazine.

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